Puedo escribir los versos más tristes ésta noche.

21 06 2010

Con tristeza y frustración, hoy 18 de junio, recibí la noticia de que el escritor Portugués, José Saramago falleció, se fue en su balsa de piedra. Lumbrera literaria que la naturaleza dotó de un espíritu excepcional, incansable e inexorable, a quien no se limitó en otorgarle esas virtudes que no envidia la gente y en el fondo, admira en silencio.

Sus ensayos sobre defensa al humanismo e ideas penetrantes, alcanzaron categorías y contextos que podían suscitarse en cualquier lugar y época de la Historia del hombre, gracias a su obra, su fama pervivirá. Aunque sus detractores, como Caín, lo han querido disminuir, ellos también deben reconocer, que las opiniones vertidas, por éste honorable aristócrata espiritual, eran (parafraseando a Jaime Sabines) como las de una lámpara de inagotable aceite: cada vez que hablaba o difundía su pensamiento, más de uno iluminaba su paradigma.

Afortunadamente para todos, tuvo lucidez porfiada, quiso defender a la sociedad, creyó en ella; intentó transformar esa masa amorfa, como haría un alfarero en una caverna. No se conformó con sólo observar el contexto o mezquindades, como hacerse de riquezas, honores y fama, a través del conocimiento adquirido con los libros; como sí ha sucedido a otros intelectuales “orgánicos”, que llegado el momento, la utilizan para proteger a aquellos que los han llevado a donde están y que antes criticaban.

José Saramago

El Premio Nobel de literatura de 1998,  no tuvo ceguera jamás, lucho por sus ideales y los tuvo muy claros, es un ejemplo de vida, utilizando su cerebro, llegó hasta lo más alto, se iba levantando del suelo, siendo un hombre de escasos recursos; hijo de un carpintero,  logró salir adelante con su fe en lo que más quería, la Literatura: herramienta fundamental con la cual puede conocerse la conducta del ser humano a priori.

Finalmente, quisiera mencionar, que no podemos pretender que sus familiares actúen como él, que sean su hombre duplicado, ni endilgarles eclipsar a su predecesor, porque espíritus tan grandes, no se dan por herencia genética, sino por una suerte de azar que sólo la naturaleza puede conferir. Para los que por privilegio pudimos leerlo, escuchar sus opiniones y alimentar el espíritu con sus críticas incansables desde Lanzarote, sabemos perfectamente que con todos los nombres de sus libros, lega un conocimiento superlativamente amplio que objetivamente hablando, rebasará ésta civilización.

¡Honor a quien Honor merece, descanse en paz maestro, logró su cometido!


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