Condición de extranjero

1 12 2009

Es una sensación de no pertenecer a donde se vive, no identificarse con el otro que camina o se encuentra de frente, con quien es distinto el habla, el tono de voz, los comentarios, las reacciones, los sentimientos, en general, la educación, como haber sido instruido en otro país, otra lengua, con otros eventos, noticias y ejemplos.

Tal sensación, la han descrito algunos pensadores como Mario Benedetti, León Trotsky, Luis Buñuel, entre otros, quienes la han experimentado y plasmado en sus obras, forzados por el exilio.

Históricamente, el exilio ha sido uno de los castigos más drásticos, para aquellos que no han sido partidarios de un régimen político determinado, para quienes por su forma de pensar eran expulsados de la comunidad a la que pertenecían, con el fin de no “contaminar” a los demás con sus ideas explosivas y revolucionarias, arrancándolos de sus familiares, amigos, patria, es decir todo aquello por lo cual investigan, se perfeccionan,  lo que les brinda inspiración a su crítica.

El filósofo argelino, Albert Camus, expresa de manera fenomenal ese flujo de conciencia (sentir interno) del hombre al saberse extranjero (del mundo), en su libro así llamado (El Extranjero), condición que de cualquiera que razone, cuestione, interrogue o no piense como dicta el paradigma, puede desequilibrarse recurriendo incluso al homicidio indolente.

Como la obra arriba citada, así mismo, se han dejado reflexiones sublimes para el mundo del arte, como lo filmado por el cineasta Luis Buñuel, quien vino a México, exiliado por Franco, e hizo películas formidables como los Olvidados, donde describe a una sociedad mexicana indolente, de clase baja, sin principios, observando tan de cerca la sociedad, como si hubiera vivido ahí desde su infancia, sin embargo, como él comenta al inicio del filme, no deja de ser una reflexión de lo que sucede en toda gran ciudad, es decir pudo haber acaecido en París, Nueva York, etc.

Por lo arriba citado, no nos queda menos que reconocer, que hasta en los momentos difíciles, el ser humano no ha dejado de pensar y plasmar obras valiosas que reflejen su estado de ánimo, incluso en los peores momentos, adaptándose a lo que el medio le impone y lo más importante luchando por sus propios ideales.

A la filosofía occidental, se le ha tachado que sus ideales y pensamientos no cuadran con los actos, se tiene mucha razón, no obstante hay que admitir el valor que tiene la teoría como guía de lo que se debe hacer y que sin ésta, no se podría llegar a ningún lugar o tener un modelo (utopía o esperanza).

En estos tiempos de crisis económica y social, donde encontramos en la calle la lucha de egoísmos del ser humano en cada esquina, donde más de uno se siente extranjero, cabe reiterarles no perder la esperanza de un país mejor, soñemos, no dejemos de realizar críticas que sirvan como guía de nuestras metas de vida, valoremos a la mente como un ente superior, capaz de realizar cualquier cosa que se proponga nuestra voluntad, incluso ser felices.

Finalizo ésta reflexión, trayendo a colación una de las frases de Mario Benedetti y con la cual fue rememorado el día de su sepelio: “…cómo voy a creer que el hombre se quedó sin sueños, cómo voy a creer que el mundo se quedó sin utopías”.

Alejandro Quiñones Salazar


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